Los pocos testigos que ha tenido esta criatura, sostienen que obedece al mismo modelo de Nessie y otros habitantes desconocidos de profundos, es decir un animal de cuerpo jorobado, cuatro aletas palmeadas y un largo cuello de serpiente terminado en una cabeza de . La descripción es idéntica a la del plesiosaurio, marino de diez a doce metros de largo que habitó los mares del cretácico, hace más de 65 millones de años. No son pocos los criptozoólogos que creen que especies evolucionadas de estos reptiles lograron sobrevivir a las masivas extinciones, escondiéndose en las profundidades del océano y apareciendo de vez en cuando. Estas apariciones explicarían las cientos de observaciones de serpientes marinas y monstruos lacustres registradas desde el siglo XV -primer documento que hace referencia a Nessie- hasta nuestros días, como lo sucedido en 1977 en la costa de Nueva Zelandia, cuando un pesquero japonés capturó algo muy similar a la descripción del habitante X del Llanquihue.
En la mitología, el Monstruo del Llanquihue aparece por primera vez en la leyenda de Licarayén, la princesa cuyo corazón debía arrojarse al corazón del vecino volcán Osorno para apaciguar al Pillán. Este dios-demonio mapuche habría enviado una gran culebra al lago para devorar niños y mujeres. La historia ha servido para explicar una serie de extraños fenómenos que suceden en el lago. Pescadores desaparecidos, extraños cambios de oleajes, migraciones masivas de peces que parecen escapar de un predador de gran tamaño.
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